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Madrid                   

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Desde hace unos días estamos asistiendo al lamentable espectáculo de las algaradas de grupos de extrema derecha en las calles de Madrid y de otras ciudades. En medio de una crisis sanitaria que se ha llevado por delante a más de 30.000 personas solo en España, que nos ha confinado en nuestras casas, que ha provocado que varios millones de personas perdieran sus trabajos que han abocado a muchas personas a recurrir a bancos de alimentos, en medio de toda esta situación, los fascistas se pasean poniendo en riesgo todo el esfuerzo colectivo y solidario de lucha contra el covid-19.

Y salen envueltos en banderas, muchas de ellas que nos recuerdan los peores años de la dictadura militar franquista, como hecho diferenciador. En sus manifestaciones no buscan la concordia ni la mejora de la situación para el común. Su manifestación no es contra los recortes. Sus movilizaciones son en defensa de sus privilegios y los de su clase.

No nos sorprende en este sindicato el trato de favor que estos manifestantes reciben de la policía. En nuestra memoria está muy clara la represión que hemos vivido en CGT en primera persona durante el 15M, las Marchas de la Dignidad y tantas y tantas movilizaciones no violentas que eran reventadas por los de siempre, es decir, por la policía. En nuestra memoria están compañeras y compañeros que han pasado semanas en el calabozo por movilizarse contra los recortes. No nos sorprende porque las leyes mordaza fueron hechas contra las movilizaciones sociales, no contra las organizaciones fascistas que hoy se manifiestan.

Tampoco nos sorprende que la delegación del gobierno, dependiente en última instancia de Grande-Marlaska, sea una colaboradora necesaria de estas movilizaciones. Mientras se levanta la mano para los fascistas, las contramanifestaciones antifascistas sufren la represión del estado.

Tenemos que estar al lado de las personas que han luchado contra este virus, personal médico, de atención, de cuidados, cocineras, repartidoras, transportistas... todas estas personas que se han mantenido en su trabajo arriesgando sus vidas para luchar contra la enfermedad. No podemos consentir que la derecha más casposa y franquista de los últimos 40 años obtenga el protagonismo en estos tiempos tan duros.

Cuando haya pasado el peligro, cuando salir a la calle no suponga poner en riesgo la salud de nuestros mayores y personas más delicadas, deberemos retomar la calle como nunca.

Porque la calle siempre será nuestra.